
Los vientos vespertinos se levantaron, enredando el cabello oscuro. Un extraño apareció ante sus ojos, pero cada ceño fruncido y cada sonrisa le traían viejos recuerdos. Aturdida, vislumbró sombras del pasado, tan vívidas como si fueran de ayer. Los susurros en su oído se disolvieron en murmullos, medio dormida y medio despierta, cantando suavemente que los años fugaces no eran más que un sueño.