
Cada salto y giro, tobillos delicados girando como si fueran alrededor de piedra; cada floritura y levantamiento, muñecas blancas moviéndose como martillos de mil libras. Repitiendo la vieja danza, buscó recuperar las alegrías pasadas. Moviéndose despacio y con cuidado, tropezó, pero comenzó de nuevo desde el principio.