
Los arroyos de montaña murmuraban, lavando el polvo del mundo; el tiempo fluía, revelando el verdadero corazón humano. Muchos transeúntes brillaron intensamente en su momento, solo para desaparecer en un instante. Sin embargo, cuando un ser vivo desaparecía, la niña levantaba su linterna y salía a la noche en su búsqueda. Ese único y suave resplandor superaba a mil luces del mundo mortal.