
Los lazos terrenales siempre fueron difíciles de comprender, o tal vez los sueños tiernos simplemente estaban llegando a su fin. La silueta de la chica algún día se desvanecería en el crepúsculo, sin regresar. Sobre la piedra azul, los frutos rojos se pudrían. El ave blanca permanecía largo rato sobre la rama, manteniendo la vigilancia. Perdida en sus pensamientos errantes, su cuerpo se sentía como el alga, vacilante mientras caía lentamente.