
En noches sin sueño, despertada de golpe, o en solitaria quietud, sin razón ni aviso, viejos relatos de Imperio de Jade surgían nuevamente. El cuentacuentos no estaba por ningún lado, pero su voz persistía, resonante e inquebrantable. Un rastro de curiosidad, una medida de anhelo, una multitud de expectativas—suaves ecos en la punta del corazón.

Vestigios de Chroma