
Buscar respuestas en el cielo y la tierra arrojaba innumerables signos, pero el sufrimiento de la vida significaba poco para lo divino. Lo que quedaba era una quietud solitaria en el borde del tiempo, suaves murmullos aferrándose cerca mientras las interminables pruebas carcomían huesos y alma. Diez mil edades quemaron el corazón hasta convertirlo en cenizas; la mente se volvió silenciosa, como una fría estrella a la deriva en la noche eterna. Incluso los océanos, antes pensados eternos, se transformaron, edad tras edad, en campos.

Vestigios de Chroma