
La búsqueda no condujo a ninguna parte, pero la leyenda permaneció como una sombra en los sueños. Bañada en luz dorada, su rostro nunca se veía con claridad, por mucho que apareciera en sueños. ¿Era el espíritu de una vieja amiga, que regresaba para despertar la calidez que una vez dejó atrás? Si era así, no había necesidad de ver su verdadero rostro, solo seguir el camino que ella recorría y seguir los pasos que dejaba atrás.