
Un viejo granjero pasaba por allí con una azada. Al oír las palabras del artesano, el granjero bromeó: "¿Por qué no le das la forma de nuestro humilde pueblo?". Aunque lo dijo en broma, el comentario dio en el clavo. En ese instante, fue como si la luz atravesara las nubes: una sola chispa de comprensión que unía el pasado y el presente a través de los años.