
Ay, la flor de su vida ya había pasado. Aguas claras corrían mientras pétalos dispersos flotaban, dejando solo fragmentos con un tenue aroma. Entonces, desde más allá de las nubes, llegó el puro canto de un pájaro, que descendía con un eco suave. Ella se volvió, y allí, sin esperarlo, apareció un rostro conocido de tiempos lejanos.