
Era una pintura marcada por la amargura y la ternura. Entre flores blancas como la nieve, el coloso congelado se sumió en un sueño profundo. Su antiguo cuerpo comenzó a crecer de una manera diferente: sus astas se transformaron en ramas florecientes, hasta alzarse un árbol magnífico y llevar nueva vida hacia adelante.

Verde que te quiero verde