
Sentada en la raíz de un árbol antiguo, la inspiración para nuevas melodías se fundió en el silencio. La frustración dejó ronca la pandereta, e incluso el viento sonó desolado. Hasta que un par de cuernos musgosos, rebosantes de curiosidad, rompieron el tiempo congelado y separaron la cortina de plantas, despertándola por fin.