
Ella levanta la cabeza para recibir la tormenta, consolando a la tierra moribunda. Las aves jóvenes ya no necesitan dejar el nido, las semillas ya no necesitan fingir el sueño, el bosque ya no necesita someterse. Ella canta a pleno pulmón bajo la lluvia torrencial, abre los brazos y ofrece una melodía de amanecer para este gran despertar.