
Allí resuena una balada oxidada. Ñic, ñic, los animales olvidaron correr. Ñic, ñic, las plantas bajaron sus pestañas. Una risa furtiva viene de las sombras, ñic, ñic, todos los seres son obligados a escuchar esa balada perversa, espesa como la sangre.

Llamamiento del bosque