
Cuánto desearía llevar siempre la capucha roja, cuánto desearía despreciar esas amonestaciones, cuánto desearía recordar a los amigos del bosque y nunca decir adiós. Pero se adentró sola en las espinas, dejando que su carne se desgarrara y su rostro se deshiciera. Despertó en otro cuerpo y escapó de la larga noche vestida de luz de luna.

Llamamiento del bosque