
Las plegarias se torcieron y surgieron corrientes oscuras. Ella era la doncella divina que desgarraba las falsedades, destinada a encender las llamas de la venganza. La torre se hizo añicos, el reino cayó, y nadie escuchó los gritos de angustia de quienes luchaban entre las ruinas. Desde entonces, la torre ya no albergaría a la doncella divina que ofrecía plegarias.

Oraciones sin rastro